Con el paso de los años surgen obligaciones, responsabilidades, el trajín de la rutina, en fin, muchos factores que nos hacen pensar que somos adultos y hace que olvidemos por completo nuestra verdadera esencia, la original, y se resume a cuando éramos niños, aquella época tan hermosa, donde no había ningún tipo de preocupaciones, todo lo que importaba era divertirse, disfrutar de postres, pensar en ese niñ@ que nos atraía, no pararle al mundo, porque nuestro mundo era perfecto, nos sentíamos conformes y protegidos, la magia siempre protagonizaba.
El ser adulto no significa ser serio, encarado, sin sentido del humor, el no disfrutar de pequeñas cosas, de una flor, de la rareza de una piedra, de buscarle formas a las nubes, de hablar solo, de dibujar, de hacer algún tipo de arte, de reír a carcajadas sin temor al qué dirán, de vestirnos sin combinación alguna, de salir a la calle en pijamas si nos da la gana, de hacer animales de arena en la playa, jugar con otros niños, etc; no dejemos que la rutina se vuelva nuestra peor enemiga, de ser así, nos borra la imaginación, la creatividad, el sentido del humor, y lo más puro que pueda tener un humano, LA INOCENCIA, a un niño todo le parece mágico debido a su inocencia, porque permite que toda realidad lo sorprenda, no tiene prejuicios, no va por la vida pensando en lo que hará luego, simplemente se dedica a vivir cada instante, a saborearlo, no es esclavo del tiempo, a menos que estén por darle un regalo y se encuentra ansioso, y esto ya sería una respuesta de condicionamiento, pero la real esencia es pura y sincera.
Según algunos estudios a gran escala en la época de la Primera Guerra Mundial los psicólogos determinaron por primera vez, que la edad psicológica de las personas adultas es de 12 años, acá comienza la pubertad, los instintos sexuales se despiertan y a partir de aquí el ser se estanca, crece de cuerpo pero su mente se queda de 12 años, porque son obligados a enfrentar ciertas responsabilidades, ya no se les cataloga como niños sino como adolescentes, y éste se ve forzado a cambiar sus juguetes por algo más acorde a una persona más grande, ropa, gustos, etc..
¿Por qué les digo estos datos históricos?, porque creemos que el hecho de acumular conocimientos nos hace maduros, se puede ser una biblioteca ambulante y sin embargo no ser inteligente en lo absoluto, la inteligencia te la da el hecho de que a lo largo de las vivencias acumuladas tengamos una chispa de aprender de cada error cometido, porque obviamente cada acción produce una reacción, y hay que aprender de ella, cada segundo es un aprendizaje, cada vivencia que nuestros amigos nos cuentan debe de convertirse en una escuela para nosotros, no esperar tropezar con esa piedra para poder aprender, en eso consiste en ser inteligente, ¿somos seres racionales no?, por eso la inteligencia y la madurez van de la mano, desde que vimos la luz por primera vez hasta éste segundo en el cual estamos leyendo éstas líneas forman parte de un aprendizaje perenne, nosotros aprendemos tanto de un anciano como de un niño, no podemos desligar ningún evento de nuestra propia experiencia, tenemos que ser centinelas de nuestro alrededor, nada es casualidad. Otro mundo es posible.
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